Opinión, politica, Reflexiones

Ciudadanos huele mucho a podrido

En España – ese vocablo que tanto le gusta a Rivera – existen muchos dichos populares que hacen mención a lo que le está sucediendo a Ciudadanos, y más especialmente, a su líder. La mentira tiene las patas muy cortasse coge antes a un mentiroso que a un cojo, en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso… son algunos (para continuar leyendo, pinchar aquí)

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Carta abierta a Rivera

Otra vez, señor Rivera. Una vez más se dedica usted a ese juego de trileros que tan buenos resultados le ha proporcionado. Quiere usted ocupar el centro político – es más, casi lo exige – hasta tal punto que lucha a brazo partido para que le asignen los escaños centrales de la Cámara de Diputados.

Pero, señor Rivera, después de todas esas alharacas, detrás de esas arengas, más allá de sus discursos constitucionalistas y demócratas, se encuentra su verdadera identidad, la del Rivera de la plaza de Colón, la del Rivera pactando con la extrema derecha, la del Rivera apoyándose en la ideología ultra para conseguir sus fines. Su lema obedece a “el fin justifica los medios”; lo que dicho de otro modo no quiere decir sino el poder a costa de lo que sea. Y eso, señor Rivera, es también sinónimo de no tener principios, o de parafrasear a Groucho Marx: “Yo tengo mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.

Claro que la culpa no es del todo suya, usted es como es: un hipócrita de toda la vida. La culpa es de todos los que le apoyan con su voto, de los que le aúpan a esa posición en la que usted se sitúa, en ese estado de arrogancia en el que se considera el artífice de la catarsis de este país: esa catarsis que consiste en trasladar a España a los años 70, más o menos.

La derecha europea está escandalizada con sus malabarismos políticos, señor Rivera. Porque la derecha europea, neoliberal, conservadora, tradicionalista, elitista y clasista, no es capaz de bajar a los niveles a los que usted ha descendido. La derecha europea, moderada, no acepta, bajo ningún concepto el extremismo como apoyo para alcanzar cualquier acuerdo de gobierno.  La derecha europea sí tiene unas líneas rojas que, hasta la fecha, jamás ha tenido la más mínima intención de cruzar. Usted, señor Rivera, ha traspasado todas las líneas rojas. ¿No será que para usted esas líneas rojas no eran más que un mero artificio, una máscara, tras la que ocultar su verdadera ideología política? ¿Será eso?

Parece, señor Rivera, que a usted se le cae la careta a pedazos, lo que no es tan evidente es que la población que le sustenta sea capaz de darse cuenta.

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Rivera hasta en la sopa

Hace tiempo que no escucho a Pepa Bueno, la verdad es que su programa me parece repulsivo, su maniqueísmo indecente, su ostensible posicionamiento, un atentado al periodismo. Pero, claro, cómo no, me he enterado de la entrevista al cuñádisimo Rivera, que no pierde comba para tratar de descalificar a todo el que le parece y para darse mus cuando le interesa, demostrando que no es sino un fascista encubierto. Y, a colación os dejo un artículo que escribí hace algún tiempo, que creo que define con bastante pulcritud, y puede que con más elegancia de la que se merece, a este individuo: leed “El incendiario

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900 miserables euros y la bajeza moral de “la derecha”

Entiendo perfectamente a ese grupo de catalanes que luchan por su independencia. Los entiendo porque a mí mismo me dan ganas de desaparecer de aquí, y siento vergüenza de este país cuando escucho que subir el salario mínimo interprofesional, de 764 a 900,euros, es peligroso para el sostenimiento del sistema. Hace falta tener una cara de cemento armado para decir eso delante de un micrófono o a los medios de comunicación.

Es de mal nacidos querer que la población que vive en la situación más precaria, no pueda aspirar a una mínima mejoría, porque, no lo olvidemos, esa subida salarial es absolutamente miserable. A estos desalmados que vaticinan las siete plagas por semejante miseria, se les olvida que esas personas sufragaron de su ya miserable salario, el rescate a la banca, ese dinero que la banca iba a devolver y que nunca hizo. Esa misma banca que presume cada año de… para leer el artículo completo pincha aquí

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El incendiario

Repulsivamente lamentable la acción política de Albert Rivera. Ese españolito de banderita de pulsera, que va con la rojigüalda por doquier como seña de patriotismo y de una incierta identidad.

El señorito Rivera se pasea por las Españas dando mítines catastrofistas, y eligiendo los lugares para provocar la reacción de la gente, si puede ser violenta mejor. ¿No ha sido esa una máxima del fascismo, provocar al otro para disponer de una justificación necesaria para que la fuerza policial, o militar, intervenga?

De la mano de VOX van estos individuos, y se atreven a mencionar la palabra democracia, y no se les caen de la boca las palabras “Constitución” y “Transición”. ¿Transición a qué? ¿Constitución de quiénes y para quiénes?

Ser patriota no es llevar en la muñeca una pulsera, ni hablar con una bandera de la España borbónica detrás. Ser patriota no es ir a defender a la Guardia Civil a Alsasua, ¿por qué no se fue a Granada, donde también fue asesinado un agente de ese cuerpo? ¿Dijo algo del Guardia Civil miembro de la manada? Ser patriota es defender a la víctima de ese acto repugnante. ¿Me puede aportar alguien una frase de ese señor en favor de esa compatriota?

Ser patriota es defender a los que sufren los despropósitos del rescate a la banca. Es apoyar a los desahuciados, es defender los derechos existentes, no tratar de recortarlos o apoyar que se recorten. Ser patriota no es arrojar gasolina a un conflicto enquistado, ser patriota es tratar de rebajar la tensión, tratar de entender a ambas partes y propiciar una reconciliación.

Ser patriota, por si el señorito Rivera lo desconoce, es estar del lado de los españoles, de los que hollan sus calles y sus campos, de los que explotan su tierra, sus ríos y sus mares. Ser patriota no es defender los intereses de una oligarquía, un puñado de individuos cuyo principio máximo, y probablemente único, es enriquecerse a costa del malvivir de una mayoría.

Albert Rivera se ha arrogado el derecho de otorgar el carné de español a quién a él le da la real gana. Se ha erigido en ese ser supremo que se permite llamar golpistas a un grupo de individuos que instalaron unas urnas en unos colegios – por muy ilegal que pudiera ser – mientras se abstiene ante la votación, que permite exhumar los restos de un dictador fascista, que propinó el golpe de estado más importante y detestable de la Historia de Europa, apoyado por el régimen fascista y genocida de la Alemania hitleriana.

Los españoles esparcidos por las cunetas, víctimas de la represalia fascista de Franco, no deben ser muy españoles para el señorito de la corbata, porque no se le ha visto que tenga intención de llevar a cabo ningún acto, en favor de las familias que perdieron a sus seres queridos en esa vergonzosa y despiadada masacre. Los familiares tampoco deben tener la condición de españoles del señorito Rivera.

Para este individuo sólo merecen el título de español los que aplauden su decimonónico discurso, los demás debemos ser de Marte. Todavía no se ha enterado que no hay nadie menos español que él.

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Casado y Rivera, los patriotas

¡Qué hartazgo con los patriotas! Los patriotas llevan la bandera de España en una pulsera, o en la correa del reloj, o en una cinta atada al espejo retrovisor del coche. Los patriotas creen que la patria se identifica con los colores de una bandera, o con un escudo, o con un territorio. Los patriotas no se han dado cuenta de que la patria no deja de ser un localismo, como el que se identifica con su pueblo o con su barrio y considera que está por encima de los demás.

Los patriotas todavía no se han enterado de que eso a lo que llaman patria es una entelequia que se inventaron los poderosos para que los demás defendiesen sus privilegios y unos derechos que ellos se adjudicaron por sí mismos.

Los patriotas todavía no han alcanzado a comprender que sobre el globo existe una especie, la especie humana, que no debiera entender de fronteras, de razas, de países, de regiones, de comarcas ni de pueblos. Los patriotas no conciben que esa especie es la que debería formar una patria, y que todos debemos defenderla, y por tanto debemos cuidar de nuestros semejantes, ayudar a los que lo necesitan y perseguir y condenar a los que les provocan el sufrimiento, les arrebatan sus tierras, los aniquilan con sus ejércitos, los explotan para aprovecharse de los recursos naturales de donde habitan.

Sin embargo, ¡curiosa paradoja! Son los patriotas los que producen esos expolios, en nombre, claro está, de una bandera.

Y esos patriotas de bandera, que se emocionan escuchando el himno de su patria, que se levantan al paso de su trapo de colores al que llaman bandera, que se inflaman en los discursos hablando de la nación y de sus compatriotas, son los mismos que evaden impuestos, que crean empresas o que fijan su residencia en otras patrias, son los mismos que roban a esos compatriotas a los que defienden encendidamente en sus discursos, arrebatándoles el dinero que con tanto esfuerzo aportan a la colectividad con sus impuestos. Esos son los patriotas, y ese es, lamentablemente su concepto de patria.

Esos son Albert Rivera y Pablo Casado, dos patriotas, disputándose quien es más patriota de los dos, o, lo que es lo mismo, a quién le importan menos las personas y a quién le importan más los colores de una bandera o los límites de un territorio.

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¿Pablo Casado?, ¡qué más da!

El triunfo de Pablo Casado en la sucesión no era sino un resultado anunciado. Sinceramente me resulta algo, por no decir totalmente, indiferente quien vaya a dirigir los destinos del Podrido Popular. Sea quien fuere, no va a dejar de representar el franquismo, sea quien fuere no va a dejar de aplicar las mismas políticas: recortes de derechos a la ciudadanía, nula transparencia, control de la justicia y favorecimiento a las clases privilegiadas en detrimento de las desfavorecidas. Sea quien fuere no va a dejar de tratar de desvincular al partido de la organización criminal que comenzó, precisamente, con el gobierno de su mentor. Al menos de una manera organizada. Sea quien fuere va a representar el continuismo y la extrema derecha. Ellos pueden ponerse los apellidos que les venga en gana, pero son lo que son: Jamás condenaron la dictadura del general Franco, han tratado de oponerse a la Ley de la Memoria Histórica y hasta han condecorado a uno de los mayores torturadores de la dictadura. Eso no puede jamás denominarse centro-derecha.

Sabemos que tras este personaje se parapeta Aznar, que como González, Guerra, y otros tantos, continúan tratando de dirigir el camino político, no solo de sus formaciones, sino de nuestro país,  en una sombra, que cada vez está más iluminada por los focos. Las apariciones de todos estos detestables en entrevistas, mítines y otros actos son absolutamente deplorables. Si fuésemos un país decente, es decir, realmente democrático, habríamos pasado página y todas estas cacatúas estarían disfrutando de su inmerecida jubilación.

Como siempre suele suceder, los culpables no suelen ser ellos, sino quienes les siguen el juego y se hacen eco de sus majaderías y ocurrencias en las mencionadas entrevistas. Somos de sobra conocedores de que a los medios les interesa sacar a pasear, de vez en cuando, a las momias del pasado. Somos nosotros los que deberíamos ignorar las entrevistas y las crónicas sobre ellos, para que, de una vez por todas, se sumerjan en ese pasado, que no es sino el lugar al que pertenecen.

Pero, no. Tanto Casado como Sánchez, incluso Rivera, obedecerán a las directrices de otros. Rivera en el banquillo, esperando la oportunidad que le dé el Podrido Popular para saltar al terreno de juego y, de paso, llevarse consigo a todos los desencantados del PP, militantes, simpatizantes y políticos. Sánchez navegando, como de costumbre, en el mar de la indefinición y de la ambigüedad, prometiendo que va a tomar decisiones que nunca toma, y haciendo política a salto de mata, sin planificación alguna (hoy digo que voy a agotar la legislatura y mañana que en otoño se celebrarán elecciones; hoy que derogo la ley mordaza y mañana que nones, y así todo)

Nos esperan unos meses de infinito dolor de cabeza, desayunándonos comiendo y cenando con el tema catalán, que va a ser el caballo de batalla del señor Casado para tratar de conquistar a sus votantes perdidos: esa unidad de destino en lo universal – alguno seguro que se acuerda. Fulminada ETA  un nuevo monstruo ha venido a rescatar al partido patriótico. Entretanto el advenedizo Casado tratará de evitar los golpes que le van a venir por parte de la justicia con su escabroso tema de las convalidaciones, los másteres y todas esas mamandurrias que diría otra de las afines. Para eso siempre tendrá el apoyo de alguno de sus mayores, de esos que saben moverse bien en los despachos, o que conocen asuntos turbios lo suficientemente convincentes para echar una mano.

Y cuando las cosas pinten mal, para unos o para otros, siempre les quedará Venezuela. ¡qué nadie se engañe, aún no los hemos echado!

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