Opinión, politica, Reflexiones

¿Qué pacto quieren?

Después de haber escuchado el debate, y después de todo el torrente de noticias que nos han llegado acerca de los pactos a través de los medios de comunicación, la sensación que he percibido en todo momento es que Sánchez, o el PSOE, o el PSOE, o Sánchez, elijan ustedes el orden que más les convenga, nunca han… para continuar leyendo mi artículo, pincha aquí

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Carta abierta a Pedro Sánchez

Pedro:

¡No puede ser que quieras vendernos otra vez esa moto! Ya sucedió después del 26J, cuando Podemos te propuso un pacto de gobierno, y tú, junto con tus acólitos – entre ellos el despreciable Antonio Hernando, que luego te traicionó – negociabas, a espaldas de la formación de Pablo Iglesias, con Ciudadanos, que ya sabemos quiénes son, porque poco a poco se les va cayendo la careta a pedazos.

Mentiste, Pedro. Mentiste a aquellos que te querían poner en la Moncloa – por supuesto que nada es gratis, y tenías que pagar un precio, que no quisiste pagar – y mentiste a tus militantes, con aquello del no es no, ¿lo recuerdas? Salvaste los muebles porque dimitiste, y te expulsaron de la directiva de tu partido como un apestado. La militancia te lo reconoció y te dio el bastón de mando en las primarias, frente a la arrogancia de Susana Díaz, apoyada por toda la gerontocracia de tu partido.

Pero hiciste algo detestable: dijiste que la culpa de que la izquierda no pudiera gobernar era de Podemos. Mentiste, nuevamente, es algo que, por lo visto, se te da bien, Pedro. La culpa fue tuya, fue vuestra, porque os arrimasteis a la derechona que representa Ciudadanos, porque asumisteis las tesis de González, Guerra, Bono y toda esa panda de carcamales que siguen considerando el PSOE su cortijo. Y os abstuvisteis para que gobernase el PP.

Fue Podemos quien te apoyó en la moción de censura que te alzó hasta la Moncloa, y fue Podemos quien estuvo negociando con todos los partidos con posibilidades de favorecer el éxito de la moción, para que salieses airoso de ella y Presidente del Gobierno.

Y ahora vuelves, Pedro, con el cuento de que Pablo Iglesias te ha exigido una vicepresidencia. Una nueva mentira para tratar de retratar a Pablo Iglesias como un ambicioso, cuando el único ambicioso y sediento de poder eres tú, que pretendes gobernar en solitario cuando no te dan los números, ni aunque los mires ahíto de licor. ¡Nos quieres volver a vender la moto! La culpa es de Podemos, ese es el mensaje, esa es la moto.

Yo no te la compro. No te la compré la primera vez, tampoco ahora. Si no eres capaz de llegar al gobierno la culpa no es de Podemos, la culpa es tuya. No sé si vas a poder engañar más a tus militantes, pero una cosa deberías saber: Unas nuevas elecciones no van a solucionar el problema, porque los resultados van a ser parecidos, o peores incluso, para la formación que representas. La ciudadanía está cansada de que la tomen el pelo, la de izquierdas, claro, la de la derechas votará a uno u otro, pero votará, siempre lo hace. La izquierda se quedará en casa, harta de ver que sus representantes no son capaces de negociar, de que al PSOE no le importa la gente, o de que el PSOE tiene miedo a que Podemos entre a formar parte del gobierno. Y, en ese caso, alguien debería explicar por qué.

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Porque yo lo valgo

No sé por qué me da que vamos a ser testigos de una nueva estafa del PSOE. Los socialistas son unos expertos en ello. No sé a qué viene tanta intriga con el asunto de los pactos, ni cómo un individuo como Pedro Sánchez, curtido en la política, que fue despedido por su ejecutiva con una calurosa patada en el trasero continúe instalado en el yo estoy aquí porque yo lo valgo. Pedro Sánchez está donde está, en primera instancia, porque la cúpula del PSOE quiso defenestrarle y la militancia se reveló y, en segunda, porque Podemos lo apoyó en una moción de censura que triunfó, no sólo por ese apoyo, sino porque la formación morada hizo una encomiable labor en la trastienda, dialogando con otras formaciones para que dicha moción  saliese adelante.

Pedro Sánchez ha triunfado – aunque es una victoria pírrica, que nadie se engañe – en las elecciones generales por dos razones fundamentales: una, que el miedo a la confluencia de las derechas transformó el sentido del voto de muchos que temieron que su apoyo a otras formaciones se perdiese en el espacio de los votos sin sentido – un error bastante usual en el electorado, que no vota  a quien cree que lo representa, sino contra el miedo de lo que cree que puede avecinarse – y otra, que las políticas sociales desde la moción de censura hasta la disolución del Parlamento, de un modo u otro, se las ha atribuido el PSOE como suyas, cuando han sido resultado de insistencia y presión del partido que lidera Pablo Iglesias.

Desde el momento en que, tras la victoria electoral del PSOE, se escucharon en Ferraz las consignas de “con Rivera, no”, y “si se puede”, y Pedro Sánchez no hiciese ninguna afirmación, sino que mirase para otro lado, a mi ya no me dio buena espina.

Ahora Sánchez quiere gobernar en solitario, solicita el apoyo de todos, pero sin hacer concesiones de ningún tipo. Y se permite el lujo de amenazar con nuevas elecciones. Si cree que unas nuevas elecciones pueden darle una victoria más rotunda, tengo la impresión de que carece de todo sentido político – parece que se le olvida que la participación fue mayor del 75%, barrera que va a ser muy difícil de superar. Y muchos volverán al desencanto que habitualmente produce el PSOE.

¿No hay nadie en el PSOE con el juicio y la talla política suficientes para sacar adelante un gobierno de izquierdas o progresista que nos saque del pozo en el que la derecha hace tanto tiempo que nos ha sumergido?

Señores, no van a existir muchas más oportunidades, no nos engañemos.

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Los palos siempre son para los de siempre

Resulta curioso lo que sucede en este país nuestro. Desde las pasadas elecciones generales, y más enconadamente desde las autonómicas, municipales y europeas, vienen anunciando con cuernos y trompetas el hundimiento de Podemos y, ¡cómo no! Arremetiendo contra su cabeza visible, Pablo Iglesias, culpándolo de los malos resultados obtenidos y sugiriéndole que dimita.

No se observa, sin embargo, ninguna opinión crítica frente al resto de partidos políticos, cuyos resultados han sido aún más catastróficos, como el Partido Popular o, incluso Ciudadanos. Y en menor medida se aconseja la dimisión de sus líderes.

Si Podemos, a juicio de todas estas pitonisas, se encuentra en un estado tan precario y de descomposición como afirman – aunque, a juicio del que esto escribe,  más se trata de deseo que de realidad – ¿a qué viene tanta preocupación, tanta información en los medios, tanta bilis esparcida por tertulianos, columnistas y demás? ¿Si Podemos es ya una fuerza política tan en declive, por qué es necesaria tanta artillería pesada contra el partido? ¿No será que el miedo no se ha extinguido, ni siquiera con el descenso obtenido tras los comicios? ¿No será que muchos son conscientes de que el resurgir del PSOE ha sido consecuencia de un préstamo de votos, ante una campaña feroz de invocación al miedo de que irrumpiera con fuerza la extrema derecha?

Le pese a quien le pese, y no le guste a quien no le guste, Pablo Iglesias salió elegido en un congreso con un apoyo más que mayoritario. Le pese a quien le pese, Pablo Iglesias fue elegido para dirigir Podemos y mientras no se planteen otras primarias y los inscritos se decidan por otra opción, o él mismo decida dejar el cargo, es Pablo Iglesias y no otro quien debe estar al timón.

Y no hay más polémica que valga.

El PSOE necesita a Podemos, porque pactar con Ciudadanos puede suponer cavarse su propia fosa: no se puede tentar a la suerte continuadamente. Ya han estado en el alambre.

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Ese engendro que llaman Justicia

Tendría gracia, sino fuese por la gravedad de lo que supone. No se cansan de afirmarnos continua y reiteradamente que somos iguales ante la ley. Que existe una ley que nos protege a todos y una Justicia que es imparcial. Una sarta de mentiras que hay quien se traga, como una píldora, cada vez que uno de esos manipuladores de la palabra suelta semejante despropósito. Que existan jueces íntegros, profesionales, amantes del cumplimiento de la ley, imparciales, serios, intachables e incorruptos, yo, al menos, no lo pongo en duda, pero que la Justicia, como institución, es algo que no cumple con las funciones que se le suponen es prácticamente una obviedad.

Si hay algo que subvierta claramente el sentido de la justicia es el trato que se está dando por parte de esta al asunto del espionaje del PP a Podemos, con sustracción incluida de objetos personales y entrega de información a medios de comunicación afines. En cualquier país del mundo civilizado, Eduardo Inda y dirigentes del Partido Popular implicados, estarían entre rejas esperando un juicio que daría, sin duda, con todos ellos en la cárcel.

Sin embargo, nuestra Justicia, se ocupó celéricamente en poner a disposición judicial a los organizadores del referéndum del 1-O en Cataluña, sin importarles que no hubiese fecha para celebración del juicio, porque parece ser que para determinados estamentos de la Justicia sólo tienen importancia algunos asuntos, mientras otros – que sí que están poniendo en duda el carácter democrático de nuestro estado – parecen transformarse en algo sencillamente anecdótico.

Tampoco ha aparecido el Jefe del Estado, para ofrecer explicaciones y hacer un llamamiento al carácter democrático de nuestra sociedad y afear esas conductas de algunos partidos políticos, que han buscado el ventajismo y que han tratado de derribar a otras formaciones políticas a base de fabricar pruebas falsas y de poner en entredicho la honradez de determinados ciudadanos.

La Justicia española, la Justicia, con mayúsculas necesita una limpieza urgente. Y la monarquía ha demostrado ya, más que sobradamente, que lejos de ser imparcial y neutral, forma parte del entramado político de la derecha y de los poderes fácticos, como la Iglesia y esa Justicia posicionada del lado de los poderes económicos.

Por higiene política la monarquía debe desaparecer de nuestro Estado de Derecho.

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No son ellos, somos nosotros

No son ellos, somos nosotros. Vaciar toda la mierda sobre los políticos es una forma de descargar la conciencia, un mecanismo de evitación de nuestra propia responsabilidad.

A los políticos se los sitúa donde están en las urnas, y somos nosotros los que lo hacemos. Las informaciones que han salido a la luz estos días demuestran, claramente, que no todos los políticos son iguales, como pretenden insinuar algunos. Precisamente el escándalo de las grabaciones donde se desenmascara un claro complot de persecución política a políticos decentes, es un ejemplo de claridad meridiana, en el que se les cae la careta a aquellos que pretendían encontrar elementos que pudiesen desprestigiar a Pablo Iglesias, y la conclusión final es la de que “si no se encuentran pruebas, se inventan” El maquiavelismo en su más nítida expresión.

Pero no son ellos, somos nosotros. Nosotros tenemos el poder de hacer desaparecer de las instituciones a toda esta horda de mafiosos, que demuestran que no tienen dignidad, o que si un día la tuvieron la vendieron para vivir mejor, traicionando incluso los principios más sagrados de la democracia, de la verdad o del periodismo. Son individuos que no merecen ocupar el lugar que ocupan, y que deberían estar calentando ya el banquillo de los acusados para terminar dando con sus posaderas en la cárcel.

Ellos son el antisistema, porque se aprovechan del mismo para su propio beneficio y para, con las peores de las artes, perpetuarse en el poder ¿Por qué critican el bolivarianismo de Venezuela, cuando ellos son iguales o aún peores?

Hay que echarlos. Es urgente. Deben desaparecer de la vida pública, de gobernar el patrimonio común de los españoles. Y después hay que pedir explicaciones, a ellos, al monarca que calla ante tamaño escándalo, en lugar de salir a defender los valores de la democracia y la Constitución como hizo después del fallido referéndum catalán del 1-O. La democracia no es un asunto de conveniencia: Es o no es. Y si se defiende ante un hecho presumiblemente ilegal, debe defenderse igualmente ante otro, de las mismas características.

Si tras las próximas elecciones el Partido Popular no se desploma bruscamente hasta su desaparición, como país, como ciudadanía y como seres humanos, tenemos un grave problema.

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El culto al líder

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