Opinión, politica, Reflexiones

La ambición de Íñigo

 

Muy sibilino ha sido Errejón a lo largo de su corta carrera política. Comenzó introduciéndose en el núcleo del recién formado partido, cuando Monedero era un peso pesado y Pablo Iglesias lideraba la formación. Entonces todo eran parabienes y abrazos, y nadie pudo ver la daga que guardaba en su fajín para asestar la puñalada.

Con Monedero se puede estar en mayor o menor acuerdo, o en mayor o menor desacuerdo, pero nadie puede discutir, o mejor, nadie puede poner en tela de juicio, a no ser que esté infectado de estulticia, que Monedero se retiró con honradez del partido, dejando el camino expedito para todos aquellos comprometidos con el proyecto y sin… para leer el artículo completo pinchar aquí

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Crónica de un debate

No hay crónica. Porque no hubo debate. Fue un monólogo de cada uno, en el que cada cual soltó su rollo particular: el que todo el mundo conoce. Para este viaje no se necesitan alforjas.

Quedaron claras, o al menos precisadas, algunas cosas: que Pedro Sánchez no quiere saber nada de Podemos y que no tiene intención de llegar a pactos con la izquierda, que Vox es la derecha recalcitrante, católica, xenófobas, homófoba, centralista, autoritaria, intransigente y totalitarista que se suponía y que los otros dos son, uno lo que fue siempre, la derecha que quiere acercarse al centro sin conseguirlo, porque no lo es, el PP, y el otro un palmero que no sabe qué hacer ni que decir para hacerse un hueco en la politica, salvo sacar cartulinas de colores que iluminen su absoluta incompetencia.

No deja de ser chusco que Casado cuando se habla de la corrupción de su partido, se de mus, desmarcándose del asunto “porque el no estaba en la dirección” en ese pasado, pero cuando se trata de querer apuntarse tantos sí reconozca ese pasado. El señor Casado todavía no se ha enterado de que cuando se asume la dirección de un partido se asume con todas las consecuencias, y una de esas consecuencias es su pasado.

Así estamos. Ante semejante panorama el único que puede salvarse a juicio del que escribe es el representante de Podemos, que lejos de dedicarse a formular promesas, lanzó los retos a los que hay que enfrentarse para que este país cambie de aires y pueda caminar por una senda distinta a la que viene trayendo. La necesidad de abordar la economía de un modo distinto, en especial, ante la amenaza que se nos viene encima de una nueva crisis.

 Los españoles de a pie hemos pagado duramente no sólo la dura crisis anterior, sino todas las que han acontecido anteriormente, la de los 70 (llamada del petróleo), la d elos 80, la de los 90 y la de los 2000. Es hora ya de que los costes económicos no recaigan siempre sobre los mismos, Si en las épocas de bonanza las clases privilegiadas son las que más beneficios obtienen, en épocas de crisis deben ser los que más contribuyan al sostenimiento de la sociedad, y no al contrario.

No puede ser que la mayoría se sacrifique para mantener los privilegios de unos pocos.

No se trata de izquierda o derecha. No se trata de poner etiquetas que a nada conducen. Se trata de defenfer un estado social que beneficie a todos. Mantener una Sanidad Pública de calidad, una Educación Pública con garantías, un régimen democrático que permita el desarrollo de las libertades y salvaguarde los recursos públicos de los mangantes, que impida la manipulación y garantice que La Justicia se comporta fiel a sus principios de igualdad.

Eso, ayer se vio, sólo tiene interés de llavarlo a cabo Podemos. Los demás se perdieron en verborrea barata, en el conflicto de Cataluña y en promesas de bajadas de impuestos, sin explicar cómo se puede mantener un Estado con una disminución en sus ingresos cuando planea sobre nuestra cabeza el presagio de una crisis. Un esperpento de cuatro derechas.

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¿Quiénes son los indecisos?

 

A estas alturas de la situación política, los debates electorales no van a aportar demasiada información. Las posturas están claras después de este agotador maratón de citas electorales. Y dudo que los indecisos vayan a decantarse por una u otra formación política en función de los debates.

El personal esta cansado de tanta convocatoria y,los votantes de izquierda decepcionados tras las fallidas negociaciones entre el PSOE de Pedro Sánchez y la UP de Pablo Iglesias.

La derecha, como es habitual, se entiende, incluso tácitamente. En mítines y debates se observa que no se lanzan piedras entre ellos. Los tres partidos de la derecha se han trazado un objetivo común: el PSOE de Sánchez.

Y el PSOE se ha trazado una directriz clara: culpabilizar a Podemos de todos los males y vocear que ellos son el antídoto de la derecha y el manido discurso del voto útil. El cansino disco rallado de siempre, que otrora les diera buenos frutos, pero que hoy dificilmente va a reportarles los beneficios esperados.

Es posible que en estas nuevas elecciones al electorado de la derecha se le presente un pequeño dilema: a cuál de las tres derechas van a votar. Pero, en ningún caso van a dejar de depositar una papeleta en una urna.

A los votantes de la izquierda se le presenta el dilema de siempre: votar o no votar.

El electorado de izquierda es mucho más crítico y ahora se encuentra en una situación límite decepcionado, confundido y cabreado. Eso puede únicamente significar una cosa: que la izquierda se abstenga, como tantas y tantas veces ha sucedido. Y si eso sucede las encuestas que tan generosamente le otorgan ventaja al PSOE, lo mismo fallan – nada sorprendente, por otra parte – y el 11-N (fecha menmorable, por cierto, por cataclísmica) nos podemos encontrar con una situaciónm muy pareja a la que dejamos antes del verano.

La pregunta sería esa: ¿qué va a pasar tras el 10N? ¿Va a estar dispuesto Sánchez a negociar con las fuerzas de izquierda o se va a arrastrar rogándole la abstención a la derecha?

Sólo existe un modo de que la izquierda real, la que está dispuesta a un cambio, no a un lavado y abrillantado, pueda ejercer la fuerza necesaria. La única forma de hacer eso posible es que ese electorado se movilice: que los que no estén de acuerdo con la postura del PSOE le den una oportunidad a UP, en lugar de quedarse en casa, castigándo, no a su partido, sino a ellos mismos.

 

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Estupideces las justas

Hacía tiempo que no volvía a tomar la pluma. No sólo el período estival y algunos asuntos personales que han acaparado mi atención últimamente han sido los culpables. También el desencanto.

El desencanto de ser testigo de cómo el PSOE hacía todo tipo de malabarismos, con la única intención de tener un argumento para afirmar que resultaba imposible gobernar con Unidas Podemos.

Defraudado por la falta de habilidad del grupo negociador de la formación morada para haber aceptado la propuesta del PSOE, que se vio inesperadamente descolocado cuando Iglesias se echó a un lado en el momento en que le vetaron.

Sobradamente conocía el PSOE que su (para leer el artículo completo, pinchar aquí)

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Y vuelta la burra al trigo

Pasó el 28 de abril y transcurrió el plazo para la investidura. Y se agotaron todas las horas de todos los días para alcanzar un acuerdo. Y llegó septiembre y se repitió la misma película. Y uno se pregunta por qué. ¿Por qué Unidas Podemos y el PSOE no alcanzaron un acuerdo? Unos dicen que es una cuestión de química, otros que Unidas Podemos se estaba peleando por los sillones, y algunos que Unidas Podemos quería hacerse con el gobierno sin haber sido los ganadores de las elecciones.

Pero existe un hecho cierto: el fracaso de una negociación entre dos partes no depende de una sola de las partes, sino de las dos.

Pedro Sánchez quiso que el pacto fracasara desde el primer momento al vetar a Pablo Iglesias en un gobierno de coalición. “Gobierno de coalición, sí, pero sin Iglesias”, dijo. Obviamente era un golpe a la línea de flotación de Podemos. El PSOE creyó que los morados no iban a aceptar tales imposiciones y ello les daba vía libre para vocear que Pablo Iglesias no deseaba un pacto de gobierno, ni siquiera un gobierno de coalición, sino que su ego estaba por encima y lo único que deseaba era formar parte del gobierno, un puesto, en definitiva, pasar a formar parte de esa casta que tanto había criticado.

Pero Pablo Iglesias se hizo a un lado, lo que descolocó al PSOE, porque ahora ya no podía decir que no al gobierno de coalición. Entonces las mentes pensantes del PSOE, elucubrando entre bambalinas, decidieron ofrecer a Unidas Podemos una especie de suflé, una oferta que no les hacía partícipes en nada de en lo que Unidas Podemos quería tener presencia. Estaban convencidos de que por ahí no iban a pasar. Y así fue. Ese fue el error de Pablo Iglesias, a juicio del que esto escribe, porque si se hubiese aceptado, el PSOE se habría quedado sin cartas y sin ases en la manga, y una nueva argucia habría sido lo suficientemente clara para darse cuenta de que todo no era sino un teatro para no gobernar con la formación que lidera Iglesias.

Y vuelta la burra al trigo. Ahora nos encontramos en el mismo punto que hace seis meses, una nueva convocatoria electoral que nos va a llevar a una situación muy parecida, escaños arriba, escaños abajo.  Muchos, decepcionados tanto del PSOE como de Unidas Podemos, se quedarán en casa, propiciando el ventajismo de la derecha, cuyo electorado es fiel hasta los tuétanos. Y ascenderá, probablemente en votos y en escaños.

La desilusión de la izquierda es su peor enemigo. Si tras las elecciones se produce una situación similar, es necesario que el PSOE se defina y decida con quién quiere gobernar, pero no puede tener paralizado a un país más tiempo. Porque, por si a alguien se le ha olvidado, la obligación de intentar formar gobierno no es de Unidas Podemos, sino del PSOE, que es quien alcanzó la mayoría de votos. Que la información se manipula de tal manera que, a veces, parece que es a la inversa.

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Carta abierta a Sánchez

Señor Sánchez:

No sé si su amenaza de volver a celebrar elecciones se trata de una brabucanada, de un órdago, o realmente es una opción meditada y sopesada.

Si se trata de lo primero, es una estrategia estéril, absolutamente descabellada y que no va a provocar el más mínimo efecto. Si se trata de lo segundo, me conduce a pensar que de todo el tiempo que lleva usted en la política no ha aprendido nada.

Se lo voy a decir de otro modo: la participación del pasado 28 de abril es histórica y, muy posiblemente, un techo, en esta democracia nuestra tan suigéneris, el electorado se moviliza poco, y si lo hizo del modo que lo hizo, fue por el temor a que irrumpiese la derecha e hiciese posible un gobierno de esas turbias ideas fascistoides que los vientos de Vox arrastran consigo.

Los militantes que en Ferraz le decían “con Rivera, no” y “Si se puede”, son los que le apoyaron a usted y los que han continuado creyendo en el PSOE, probablemente porque a usted quisieron barrerlo de la cúpula de su partido y ellos no lo consintieron. ¿Cree usted que se sentirían reconfortados, si se lanza a ese vacío tan escalofriante de volver a celebrar elecciones, por no pactar con el único socio que les puede apoyar a lo largo de esta, presumiblemente, bronca legislatura?

El miedo del que hablaba, dúdelo si quiere, señor Sánchez, modificó el voto de mucha de la izquierda que hubiese votado otras siglas, porque usted representaba la esperanza de un nuevo PSOE, el que fue aupado al gobierno gracias al apoyo de Podemos y otras fuerzas en la moción de censura.

Pero parece que su ego, o que el traje de presidente, le ha impregnado de una cierta aureola de grandiosidad, de arrogancia y de soberbia, pero luego a quien se le adjudican esos adjetivos es a Pablo Iglesias.

Señor Sánchez, si se decide por el suicidio de unas nuevas elecciones, debería saber que los saltos mortales conllevan el riesgo de salir mal, y eso podría hacerle romperse la crisma y, lo que es peor, que nos la rompan a todos los que apostamos por un cambio en las políticas sociales y económicas. La única formación que puede apoyarle en ese viaje, señor Sánchez es Podemos, y usted, como siempre, se dedica a ignorarlo.

No diga luego que no está avisado, diría que hasta por los suyos.

Por cierto, al hilo de la frase anterior, ¿por qué no hace el ejercicio de consultar a su militancia?

 

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Los palos siempre son para los de siempre

Resulta curioso lo que sucede en este país nuestro. Desde las pasadas elecciones generales, y más enconadamente desde las autonómicas, municipales y europeas, vienen anunciando con cuernos y trompetas el hundimiento de Podemos y, ¡cómo no! Arremetiendo contra su cabeza visible, Pablo Iglesias, culpándolo de los malos resultados obtenidos y sugiriéndole que dimita.

No se observa, sin embargo, ninguna opinión crítica frente al resto de partidos políticos, cuyos resultados han sido aún más catastróficos, como el Partido Popular o, incluso Ciudadanos. Y en menor medida se aconseja la dimisión de sus líderes.

Si Podemos, a juicio de todas estas pitonisas, se encuentra en un estado tan precario y de descomposición como afirman – aunque, a juicio del que esto escribe,  más se trata de deseo que de realidad – ¿a qué viene tanta preocupación, tanta información en los medios, tanta bilis esparcida por tertulianos, columnistas y demás? ¿Si Podemos es ya una fuerza política tan en declive, por qué es necesaria tanta artillería pesada contra el partido? ¿No será que el miedo no se ha extinguido, ni siquiera con el descenso obtenido tras los comicios? ¿No será que muchos son conscientes de que el resurgir del PSOE ha sido consecuencia de un préstamo de votos, ante una campaña feroz de invocación al miedo de que irrumpiera con fuerza la extrema derecha?

Le pese a quien le pese, y no le guste a quien no le guste, Pablo Iglesias salió elegido en un congreso con un apoyo más que mayoritario. Le pese a quien le pese, Pablo Iglesias fue elegido para dirigir Podemos y mientras no se planteen otras primarias y los inscritos se decidan por otra opción, o él mismo decida dejar el cargo, es Pablo Iglesias y no otro quien debe estar al timón.

Y no hay más polémica que valga.

El PSOE necesita a Podemos, porque pactar con Ciudadanos puede suponer cavarse su propia fosa: no se puede tentar a la suerte continuadamente. Ya han estado en el alambre.

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