Opinión, politica, Reflexiones

Y vuelta la burra al trigo

Pasó el 28 de abril y transcurrió el plazo para la investidura. Y se agotaron todas las horas de todos los días para alcanzar un acuerdo. Y llegó septiembre y se repitió la misma película. Y uno se pregunta por qué. ¿Por qué Unidas Podemos y el PSOE no alcanzaron un acuerdo? Unos dicen que es una cuestión de química, otros que Unidas Podemos se estaba peleando por los sillones, y algunos que Unidas Podemos quería hacerse con el gobierno sin haber sido los ganadores de las elecciones.

Pero existe un hecho cierto: el fracaso de una negociación entre dos partes no depende de una sola de las partes, sino de las dos.

Pedro Sánchez quiso que el pacto fracasara desde el primer momento al vetar a Pablo Iglesias en un gobierno de coalición. “Gobierno de coalición, sí, pero sin Iglesias”, dijo. Obviamente era un golpe a la línea de flotación de Podemos. El PSOE creyó que los morados no iban a aceptar tales imposiciones y ello les daba vía libre para vocear que Pablo Iglesias no deseaba un pacto de gobierno, ni siquiera un gobierno de coalición, sino que su ego estaba por encima y lo único que deseaba era formar parte del gobierno, un puesto, en definitiva, pasar a formar parte de esa casta que tanto había criticado.

Pero Pablo Iglesias se hizo a un lado, lo que descolocó al PSOE, porque ahora ya no podía decir que no al gobierno de coalición. Entonces las mentes pensantes del PSOE, elucubrando entre bambalinas, decidieron ofrecer a Unidas Podemos una especie de suflé, una oferta que no les hacía partícipes en nada de en lo que Unidas Podemos quería tener presencia. Estaban convencidos de que por ahí no iban a pasar. Y así fue. Ese fue el error de Pablo Iglesias, a juicio del que esto escribe, porque si se hubiese aceptado, el PSOE se habría quedado sin cartas y sin ases en la manga, y una nueva argucia habría sido lo suficientemente clara para darse cuenta de que todo no era sino un teatro para no gobernar con la formación que lidera Iglesias.

Y vuelta la burra al trigo. Ahora nos encontramos en el mismo punto que hace seis meses, una nueva convocatoria electoral que nos va a llevar a una situación muy parecida, escaños arriba, escaños abajo.  Muchos, decepcionados tanto del PSOE como de Unidas Podemos, se quedarán en casa, propiciando el ventajismo de la derecha, cuyo electorado es fiel hasta los tuétanos. Y ascenderá, probablemente en votos y en escaños.

La desilusión de la izquierda es su peor enemigo. Si tras las elecciones se produce una situación similar, es necesario que el PSOE se defina y decida con quién quiere gobernar, pero no puede tener paralizado a un país más tiempo. Porque, por si a alguien se le ha olvidado, la obligación de intentar formar gobierno no es de Unidas Podemos, sino del PSOE, que es quien alcanzó la mayoría de votos. Que la información se manipula de tal manera que, a veces, parece que es a la inversa.

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Carta abierta a Sánchez

Señor Sánchez:

No sé si su amenaza de volver a celebrar elecciones se trata de una brabucanada, de un órdago, o realmente es una opción meditada y sopesada.

Si se trata de lo primero, es una estrategia estéril, absolutamente descabellada y que no va a provocar el más mínimo efecto. Si se trata de lo segundo, me conduce a pensar que de todo el tiempo que lleva usted en la política no ha aprendido nada.

Se lo voy a decir de otro modo: la participación del pasado 28 de abril es histórica y, muy posiblemente, un techo, en esta democracia nuestra tan suigéneris, el electorado se moviliza poco, y si lo hizo del modo que lo hizo, fue por el temor a que irrumpiese la derecha e hiciese posible un gobierno de esas turbias ideas fascistoides que los vientos de Vox arrastran consigo.

Los militantes que en Ferraz le decían “con Rivera, no” y “Si se puede”, son los que le apoyaron a usted y los que han continuado creyendo en el PSOE, probablemente porque a usted quisieron barrerlo de la cúpula de su partido y ellos no lo consintieron. ¿Cree usted que se sentirían reconfortados, si se lanza a ese vacío tan escalofriante de volver a celebrar elecciones, por no pactar con el único socio que les puede apoyar a lo largo de esta, presumiblemente, bronca legislatura?

El miedo del que hablaba, dúdelo si quiere, señor Sánchez, modificó el voto de mucha de la izquierda que hubiese votado otras siglas, porque usted representaba la esperanza de un nuevo PSOE, el que fue aupado al gobierno gracias al apoyo de Podemos y otras fuerzas en la moción de censura.

Pero parece que su ego, o que el traje de presidente, le ha impregnado de una cierta aureola de grandiosidad, de arrogancia y de soberbia, pero luego a quien se le adjudican esos adjetivos es a Pablo Iglesias.

Señor Sánchez, si se decide por el suicidio de unas nuevas elecciones, debería saber que los saltos mortales conllevan el riesgo de salir mal, y eso podría hacerle romperse la crisma y, lo que es peor, que nos la rompan a todos los que apostamos por un cambio en las políticas sociales y económicas. La única formación que puede apoyarle en ese viaje, señor Sánchez es Podemos, y usted, como siempre, se dedica a ignorarlo.

No diga luego que no está avisado, diría que hasta por los suyos.

Por cierto, al hilo de la frase anterior, ¿por qué no hace el ejercicio de consultar a su militancia?

 

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Los palos siempre son para los de siempre

Resulta curioso lo que sucede en este país nuestro. Desde las pasadas elecciones generales, y más enconadamente desde las autonómicas, municipales y europeas, vienen anunciando con cuernos y trompetas el hundimiento de Podemos y, ¡cómo no! Arremetiendo contra su cabeza visible, Pablo Iglesias, culpándolo de los malos resultados obtenidos y sugiriéndole que dimita.

No se observa, sin embargo, ninguna opinión crítica frente al resto de partidos políticos, cuyos resultados han sido aún más catastróficos, como el Partido Popular o, incluso Ciudadanos. Y en menor medida se aconseja la dimisión de sus líderes.

Si Podemos, a juicio de todas estas pitonisas, se encuentra en un estado tan precario y de descomposición como afirman – aunque, a juicio del que esto escribe,  más se trata de deseo que de realidad – ¿a qué viene tanta preocupación, tanta información en los medios, tanta bilis esparcida por tertulianos, columnistas y demás? ¿Si Podemos es ya una fuerza política tan en declive, por qué es necesaria tanta artillería pesada contra el partido? ¿No será que el miedo no se ha extinguido, ni siquiera con el descenso obtenido tras los comicios? ¿No será que muchos son conscientes de que el resurgir del PSOE ha sido consecuencia de un préstamo de votos, ante una campaña feroz de invocación al miedo de que irrumpiera con fuerza la extrema derecha?

Le pese a quien le pese, y no le guste a quien no le guste, Pablo Iglesias salió elegido en un congreso con un apoyo más que mayoritario. Le pese a quien le pese, Pablo Iglesias fue elegido para dirigir Podemos y mientras no se planteen otras primarias y los inscritos se decidan por otra opción, o él mismo decida dejar el cargo, es Pablo Iglesias y no otro quien debe estar al timón.

Y no hay más polémica que valga.

El PSOE necesita a Podemos, porque pactar con Ciudadanos puede suponer cavarse su propia fosa: no se puede tentar a la suerte continuadamente. Ya han estado en el alambre.

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Reflexiones tras el 26M

Resulta difícil escribir, después de los decepcionantes resultados del pasado 26M. Y no es menos difícil encontrar explicaciones que puedan aclarar el desastre, cuando tan sólo un mes antes, en las elecciones generales, la sangría no había sido de tanto calado.

Cargar las tintas contra Errejón, por su portazo a Podemos y su abandono hacia formaciones más tibias, no puede explicar… (para leer artículo completo pinchar aquí)

 

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El voto del miedo

En las pasadas elecciones del 28 de abril, se ha hablado larga y tendidamente sobre el voto del miedo. Y se ha afirmado con rotundidad que ese miedo a la extrema derecha, sustentada en Vox como su representante más genuino y más sustentador del fascismo, del odio y de la segregación de todo tipo, es el que ha impulsado al PSOE ha alcanzar el triunfo, con votos prestados de otras formaciones políticas, más a su izquierda, únicamente por el temor a la idea de un monstruo de tres cabezas gobernando la nación – como ha sucedido en Andalucía.

A mi lo del voto del miedo es un término que me resulta chocante, incluso hilarante. Si existe alguien que ejerza el voto del miedo, no es otro colectivo que el electorado de la derecha. La derecha siempre vota porque le tiene pánico a la izquierda. La derecha en raros casos vota por cuestiones ideológicas, casi siempre los hace de un modo visceral e ignorante, por una cultura transmitida, por el arraigamiento de lo tradicional, de que las cosas están bien si se hacen como “se han hecho toda la vida”, ¿les suena esa frase? Nunca la derecha estará abierta a los cambios. Los asume cuando no tiene otro remedio, y termina defendiéndolos como suyos al cabo de mucho tiempo.

Yo, a lo que se ha llamado el voto del miedo de la izquierda, lo llamaría el voto responsable. Movilizarse es responsable. Pero la movilización no debe ser tan solo para detener a una derecha resurgida de sus cenizas; a una derecha que quiere regresar a la inquisición, a la censura, al ordeno y mando, la movilización debería ser para que se produzca un cambio real en nuestra sociedad, en todos y cada uno de los ámbitos: social, económico, cultural, industrial…

El 26 de mayo tenemos un reto, el reto de no bajar los brazos, de no salir a parar a la derecha, sino de impulsar a la izquierda, y para ello hay que depositar el voto en las verdaderas fuerzas de izquierda, en aquellas que van a forzar a la izquierda moderada y complaciente a salir de su zona de confort y propiciar políticas sociales, igualitarias, y de mayor reparto de la riqueza, detrayendo privilegios, porque cuando tú tienes derecho a algo y yo no lo tengo, lo tuyo no es un derecho, es un privilegio. Derecho es algo de lo que podemos disfrutar todos, privilegio es algo de lo que sólo pueden disfrutar unos pocos.

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Una fecha importante: el 21 de mayo

Existen ciertas cosas que deben saberse antes de que el PSOE comience a la cabalística de los pactos.

La proximidad de las elecciones Municipales, Autonómicas y Europeas va a suponer un silencio y una dilatación de las decisiones a tomar sobre con quien pactar para formar gobierno, o a qué formaciones dirigirse para que, si no lo apoyen, sí, al menos, lo faciliten.

Pero existe una fecha crucial entre el 28 de abril y el 26 de mayo. Esa fecha es el 21 de mayo.

El 21 de mayo deben presentarse los candidatos para formar la mesa del congreso. Esto puede parecer una nimiedad, especialmente a aquellos que entienden la política española únicamente como el hecho de quién preside el gobierno, de qué mayorías componen las cámaras, y poco más.

Pero la legislatura anterior ha dejado demostrado que la composición de las mesas es algo capital, ya que una vez que se eligen sus representantes, su composición no puede cambiarse, aunque, como ya sucedió, se expulsase al gobierno anterior mediante le interposición de una moción de censura. Y esa mesa, ha paralizado muchas proposiciones legislativas, comparecencias, y otras iniciativas parlamentarias.

Por tanto, el día 21 vamos a ser testigos de cómo se comportan los partidos a la hora de elegir a esos representantes que parecen que no sirven para nada, pero que son cruciales en la fase legislativa de nuestro país.

Habrá que estar atentos, porque el resultado de esas votaciones nos puede dar idea de qué disposición tiene el PSOE para con la izquierda o para con la derecha de Rivera.

¡Qué luego nadie se llame a engaño y tome nota para las elecciones que se nos vienen encima! ¡Atentos a esa fecha que puede despejar muchas incógnitas!

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Ese engendro que llaman Justicia

Tendría gracia, sino fuese por la gravedad de lo que supone. No se cansan de afirmarnos continua y reiteradamente que somos iguales ante la ley. Que existe una ley que nos protege a todos y una Justicia que es imparcial. Una sarta de mentiras que hay quien se traga, como una píldora, cada vez que uno de esos manipuladores de la palabra suelta semejante despropósito. Que existan jueces íntegros, profesionales, amantes del cumplimiento de la ley, imparciales, serios, intachables e incorruptos, yo, al menos, no lo pongo en duda, pero que la Justicia, como institución, es algo que no cumple con las funciones que se le suponen es prácticamente una obviedad.

Si hay algo que subvierta claramente el sentido de la justicia es el trato que se está dando por parte de esta al asunto del espionaje del PP a Podemos, con sustracción incluida de objetos personales y entrega de información a medios de comunicación afines. En cualquier país del mundo civilizado, Eduardo Inda y dirigentes del Partido Popular implicados, estarían entre rejas esperando un juicio que daría, sin duda, con todos ellos en la cárcel.

Sin embargo, nuestra Justicia, se ocupó celéricamente en poner a disposición judicial a los organizadores del referéndum del 1-O en Cataluña, sin importarles que no hubiese fecha para celebración del juicio, porque parece ser que para determinados estamentos de la Justicia sólo tienen importancia algunos asuntos, mientras otros – que sí que están poniendo en duda el carácter democrático de nuestro estado – parecen transformarse en algo sencillamente anecdótico.

Tampoco ha aparecido el Jefe del Estado, para ofrecer explicaciones y hacer un llamamiento al carácter democrático de nuestra sociedad y afear esas conductas de algunos partidos políticos, que han buscado el ventajismo y que han tratado de derribar a otras formaciones políticas a base de fabricar pruebas falsas y de poner en entredicho la honradez de determinados ciudadanos.

La Justicia española, la Justicia, con mayúsculas necesita una limpieza urgente. Y la monarquía ha demostrado ya, más que sobradamente, que lejos de ser imparcial y neutral, forma parte del entramado político de la derecha y de los poderes fácticos, como la Iglesia y esa Justicia posicionada del lado de los poderes económicos.

Por higiene política la monarquía debe desaparecer de nuestro Estado de Derecho.

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