Opinión, politica

¡Lo hemos conseguido!

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Lo hemos conseguido. Hemos convertido el mundo en un estercolero. No ha sido difícil. El ser humano, casi desde sus inicios, ha sido el mayor depredador del globo. Incluso el máximo depredador de sí mismo. Recordemos que inventamos la esclavitud, la guerra, la tortura, el holocausto, el genocidio, el exterminio, y desarrollamos algunos instrumentos más sofisticados, como la calumnia, la mentira, la ignominia, la manipulación, y otras tantas que nos hacen figurar en lo alto de la pirámide de los seres vivos que pueblan el planeta. A todo eso lo llamamos inteligencia.

Esa brillante inteligencia consideró, hace tiempo, que en el suelo que habitábamos se encontraba algo muy valioso. Lo llamaron oro. El oro no dejaba de ser una piedra como las demás, sólo que de color amarillo, sin embargo decidieron que sus características la convertían en algo de sumo valor. Pudieron haber decidido que lo más valioso era la salud, la amistad, el amor, la igualdad, la fraternidad, la lealtad, o cualquier otra característica que el propio ser humano poseía de una forma intrínseca, pero, no fue así, y decidieron poner el valor en esa piedra. Pero esa capacidad humana llamada inteligencia, ingenió una nueva versión del oro, más sencilla de manejar, y menos costosa de obtener, de modo que inventó el dinero, que, aunque, en un principio, respaldaba el valor del oro, más adelante lo sustituiría, sin más.

Y así fue como el ser humano comenzó a cambiar sus propios valores por ese nuevo invento llamado dinero, poniendo en juego la salud, la amistad, la fraternidad, la lealtad y, en ocasiones, hasta la vida. Y también así fue como por ese nuevo valor el ser humano comenzó a calumniar,  ignominiar, vilipendiar, acusar, esclavizar, someter, matar, apresar, encarcelar, humillar… a otros seres humanos. Y así, en nuestros días, continuamos, haciendo de este mundo un lugar más inhóspito para los seres humanos y más fácil y amable para su invento, el dinero. El dinero circula sin barreras en todas direcciones, no sufre bombardeos, no se le hiere, no se le encarcela, sino que se guarda con mimo y cuidado, no sufre, no pasa hambre, ni sed, ni sueño, ni enfermedades.

De este modo, el ser humano, en esa inmensa montaña de inmundicias y desperdicios en la que ha convertido su mundo, morirá enterrado por el gran invento de su deslumbrante inteligencia: el dinero.

También en http://www.roosternn.com

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Opinión

¡Que no te engañen con los números!

Traslado  a este, mi blog, lo que he publicado en www.roostergnn.com

Venía escuchando a De Guindos esta mañana, entre el sopor de un miércoles de cielos de plomo y la habitual densidad del tráfico matutino.  Como siempre, con su consabido discurso, verborrea, más bien, de carácter económico, de cifras que quieren convencer a una ciudadanía asfixiada, que rebusca, con esmero, en sus bolsillos, las monedas que le hacen falta para la compra del día, y que no hallan. Esa verborrea matemática que pretende explicarlo todo con porcentajes y con magnitudes macroeconómicas, situándonos en el país de la Unión Europea que más ha crecido, porque “las cosas se han hecho bien”. Que no nos engañen. Las matemáticas son exactas, pero los números permiten muchos juegos, y voy a exponer algunos ejemplos que dan clara fe de la relatividad de los números, o de cómo las cifras pueden utilizarse cuando no se analizan detalladamente.

Cuando el gobierno, o alguno de sus miembros representativos del mismo, indican que crecemos más que nadie en la Unión, lo hacen basándose en porcentajes, es decir, una medida relativa. En 2014 España creció un 1,4 por ciento, lo que supuso un incremento del PIB de 1.481.856; mientras, Alemania, en 2008, creció un 1,1 por ciento, es decir, 0,3 por ciento menos que España en 2014, y su incremento fue de 2.813.822, ¡casi el doble que nosotros en 2014!.

Lo mismo sucede con las cifras del paro. Por ejemplo, supongamos, en números redondos y sencillos, que la población activa es de 10.000.000 de personas, un 23 por ciento de paro implicaría 2.300.000 parados. Si durante el año, se han marchado al extranjero 100.000 personas, han regresado a sus países de origen 100.000, se han jubilado 100.000, la población activa sobre la que llevar a cabo los cálculos es de 9.700.000. Si el gobierno indica que el paro se ha reducido al 21 por ciento, quiere decir que el número de parados sería de 2.037.000. Llevando a cabo la resta entre el número de parados del año anterior y el actual nos arrojaría la cifra de 263.000 parados menos, que algunos podrían interpretar como 263.000 empleados más, lo que, sin duda es falso, puesto que si a esa cifra de 263.000 parados menos restamos los que han emigrado, los inmigrantes que han retornado, y los jubilados, nos encontraríamos con la sorpresa de que se han destruido 37.000 empleos.

¡Que no te engañen con los números!

15 de abril de 2015

@vichamsan

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