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Gracias a tod@s l@s que me léeis

Este blog ha superado las 125000 visitas. Por ello quiero agradecer a todos aquellos que me leen su contribución a este logro. Sin ellos sería imposible.

Mi interés es, y ha sido siempre, compartir mi opinión con todos aquellos que me siguen, y los que me conocen saben que, más allá de exponer mis opiniones, lo que más me interesa es convertir el blog en un espacio de reflexión, planteando las preguntas que yo mismo me hago, de las que, en algunas ocasiones adelanto mis propias conclusiones, o mis respuestas, y en otras prefiero que seáis vosotros los que las respondáis, bien en vuestra intimidad, bien comentándolo en este blog o en las redes, donde difundo.

Vuelvo a agradeceros vuestra fidelidad y vuestros comentarios, que siempre son bienvenidos y de enorme ayuda.

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Opinión, politica

La dimisión de Montón no exime a la Universidad Rey Juan Carlos

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¿Votar o no votar? La disyuntiva

Traslado aquí mi post de http://www.roostergnn.com

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He cumplido 56 años, y tengo la sensación de haber estado viviendo siempre bajo una dictadura. Hubo una época, cuando parecieron derribarse los muros del régimen fascista del general Franco, en que muchos se ilusionaron. Se elaboró una Constitución de consenso que gran parte, seguramente ya la mayoría, de los españoles no han refrendado y, muy probablemente, un más que significativo número de los que podíamos haber participado en aquel referéndum no lo hicimos porque nos lo impidieron, a sabiendas de que la habríamos rechazado, porque, la mayoría de edad, para este particular se había establecido en los veintiún años. No obstante para la prestación del servicio militar bastaba con tener dieciocho: contradicciones que pueden seguir advirtiéndose en la actualidad. Aquella ilusión a la que me refería al principio, no ha sido sino eso, una ilusión. Observo desesperanzado cómo continuamos sin libertades, cómo se recortan derechos, cómo se siguen enriqueciendo los de siempre, cómo funcionan las instituciones, al servicio del poder, o del capital, que no dejan de ser si no la misma cosa. Contemplo perplejo cómo pretenden amordazarnos a todos, eliminar la libertad de prensa, la poca que existe, al servicio, en la mayoría de los casos, de los poderes económicos, queriendo impedir que se publiquen aquellas informaciones que directamente les afectan, tratando de trasvasar el delito a la filtración de la información, en lugar de al propio acto delictivo: las maniobras habituales de los poderes fácticos.

Vengo leyendo últimamente llamamientos a la abstención. Comprendo el hastío de muchos, lo comparto. Entiendo el hartazgo de la putrefacción del sistema. Comprendo que se desee su erradicación, el ansia por construir algo nuevo. Considero que una multitud está en esa misma línea, pero no todos. No nos llamemos a engaño.  Por pocos conocimientos estadísticos que uno tenga, sabe que la probabilidad de convencer a la totalidad del electorado de que no vote es cero. ¿Y eso que significa? Significa que con los votos de ellos, los que sostienen de una forma inquebrantable este sistema , es suficiente para que continúen manteniéndose en el poder. El único modo, la única esperanza que tenemos de poder modificar algo es, precisamente, votando, confiar en aquellos que no han gobernado antes, y que llegan con la mochila cargada de nuevas ideas y conceptos diferentes de la política, de la economía y de la democracia, que los que hasta el momento se han establecido. Si alguien supone que en nuestro país se va a producir una revolución, creo que se equivoca. De momento, el único cambio posible del sistema es mediante la utilización del sistema. No nos llamemos a engaño. Esta vez, quizás más que nunca, tenemos que acudir a votar, si en nuestro deseo está cambiar algo.

30 de abril de 2015

@vichamsan

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La rebelión de los imbéciles

imbecilTraslado aquí mi post de http://www.roostergnn.com

Nos han tomado, nos toman, y pretenden seguir tomándonos por imbéciles. Creen que con su excusa de echarle la culpa al empedrado, basta. Creen que mirar hacia otro lado, hablar de otros temas, evitar lo escandaloso y desvergonzado de lo que está sucediendo, es suficiente. Creen, continúan en la creencia, de que no nos damos cuenta, de que sus reiteradas mentiras van a continuar convirtiéndose en certezas, a fuerza de repetirlas. Consideran que esa mejoría, también falsa, de la economía, les va a permitir evadirles de sus responsabilidades y salir airosos del desastre en el que nos han sumido. La herencia recibida, las alusiones al gobierno anterior, es otra baza que juegan, porque creen que así  van a conseguir ganar el partido. Porque, para ellos, parece ser que se trata de eso, de un partido, de ganar o perder. No se han dado cuenta, ni siquiera se percibe que se planteen que se trata de algo mucho más profundo, más de nuestras entrañas, más del sentimiento, más de humanidad, más de justicia: se trata de millones de personas anhelando un empleo, se trata de gentes que han perdido sus derechos sanitarios, se trata de miles de ciudadanos que han tenido que hacer la maleta para buscarse un futuro que aquí no hallan, se trata de estudiantes que no pueden cumplir su sueño porque les han cerrado el grifo de las becas, se trata de desahuciados de sus casas para alimentar la voracidad insaciable de los bancos, se trata de los enfermos de hepatitis c y otras dolencias, abandonados a su suerte, como tirados en una chalupa en mitad del océano, se trata de todo eso. De que nadie, salvo, ¡esa es la perplejidad que aún me asombra!, un pequeño porcentaje, les cree. Por ello los partidos incipientes, esos a los que, con ese desdén propio de su orgullo, minusvaloran, están creciendo, a pesar de que se escuden en su experiencia en la política, porque, precisamente su experiencia en la política, sólo ha demostrado que sirve para que nos atropellen, nos roben, y nos expolien; para que nos impidan manifestarnos libremente, para ocultar sus desmanes y para arrastrarnos a todos al lodazal, mientras ellos se enriquecen a costa de nuestro sufrimiento. Ellos crearon la “marca España”, como si un país pudiese venderse en un supermercado, o en un rastrillo, que es donde al final lo han hecho, y con el espectáculo tan lamentable de personajes relevantes de las instituciones, arrastrando esa “marca” por el fango.

Los imbéciles huyen ya de sus palabras vacías, de sus justificaciones, de su cacareo gallináceo. Los imbéciles apuestan por los que no tienen la experiencia del robo y del desmantelamiento de la sociedad del bienestar, y del estado democrático. Los imbéciles piden que se convoquen elecciones ya, pero, enaltecidos en su orgullo, ni siquiera de eso se dan cuenta, de que los imbéciles son ellos.

20 de abril de 2015

@vichamsan

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¡Que no te engañen con los números!

Traslado  a este, mi blog, lo que he publicado en www.roostergnn.com

Venía escuchando a De Guindos esta mañana, entre el sopor de un miércoles de cielos de plomo y la habitual densidad del tráfico matutino.  Como siempre, con su consabido discurso, verborrea, más bien, de carácter económico, de cifras que quieren convencer a una ciudadanía asfixiada, que rebusca, con esmero, en sus bolsillos, las monedas que le hacen falta para la compra del día, y que no hallan. Esa verborrea matemática que pretende explicarlo todo con porcentajes y con magnitudes macroeconómicas, situándonos en el país de la Unión Europea que más ha crecido, porque “las cosas se han hecho bien”. Que no nos engañen. Las matemáticas son exactas, pero los números permiten muchos juegos, y voy a exponer algunos ejemplos que dan clara fe de la relatividad de los números, o de cómo las cifras pueden utilizarse cuando no se analizan detalladamente.

Cuando el gobierno, o alguno de sus miembros representativos del mismo, indican que crecemos más que nadie en la Unión, lo hacen basándose en porcentajes, es decir, una medida relativa. En 2014 España creció un 1,4 por ciento, lo que supuso un incremento del PIB de 1.481.856; mientras, Alemania, en 2008, creció un 1,1 por ciento, es decir, 0,3 por ciento menos que España en 2014, y su incremento fue de 2.813.822, ¡casi el doble que nosotros en 2014!.

Lo mismo sucede con las cifras del paro. Por ejemplo, supongamos, en números redondos y sencillos, que la población activa es de 10.000.000 de personas, un 23 por ciento de paro implicaría 2.300.000 parados. Si durante el año, se han marchado al extranjero 100.000 personas, han regresado a sus países de origen 100.000, se han jubilado 100.000, la población activa sobre la que llevar a cabo los cálculos es de 9.700.000. Si el gobierno indica que el paro se ha reducido al 21 por ciento, quiere decir que el número de parados sería de 2.037.000. Llevando a cabo la resta entre el número de parados del año anterior y el actual nos arrojaría la cifra de 263.000 parados menos, que algunos podrían interpretar como 263.000 empleados más, lo que, sin duda es falso, puesto que si a esa cifra de 263.000 parados menos restamos los que han emigrado, los inmigrantes que han retornado, y los jubilados, nos encontraríamos con la sorpresa de que se han destruido 37.000 empleos.

¡Que no te engañen con los números!

15 de abril de 2015

@vichamsan

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Reflexiones sobre los resultados de las elecciones andaluzas

Traslado  a este, mi blog, lo que he publicado en www.roostergnn.com

Titulo mi post “Reflexiones sobre los resultados de las elecciones en Andalucía” porque la palabra análisis me resulta muy seria. Analizar es  poder obtener conclusiones mediante el estudio de una serie de datos y con una serie de métodos de los que yo, en este instante, no dispongo. Pero reflexionar sobre ello, si puedo, con la mera observación de los hechos y cierto juicio crítico.

Es curioso que, por doquier, se hable de ganar y de perder, y, en especial, cuando el infinitivo verbal se aplica directamente a los cabezas de las listas electorales que se enfrentaban en los comicios. A parte de curioso, puede resultar casi ofensivo, porque realmente, quien gana o pierde no es un candidato, sino los ciudadanos que lo han apoyado, o, al menos, así debería ser, en un proceso democrático. Pero, en este país, adolecemos de esa tendencia a simplificarlo todo, y a reducir algo tan serio como la gobernabilidad de una región durante un período de cuatro años, a una rivalidad entre tres, cuatro, o cinco individuos. Esto es lo que destilan la mayoría de los medios, esto es lo que transmiten a la población, y unas elecciones parecen convertirse en un encuentro de fútbol en el que gana o pierde el partido al que somos más efectos. ¡Qué vergüenza sigo sintiendo de este modo de interpretar la democracia! El Parlamento Andaluz se ha fraccionado en cinco formaciones políticas, desbaratando la tendencia de dos partidos mayoritarios que durante muchos años se han estado repartiendo el poder en toda la nación, y continuamos escuchando los mismos argumentos de ganadores, perdedores, pactos, etc.

A nadie le he escuchado comentar nada  acerca de la abstención, mayor del treinta por ciento. Se analizan los posibles acuerdos entre las distintas formaciones, las diferentes formas de gobierno posibles, pero nadie se ha detenido a pensar en el dato de la abstención. ¿No sería interesante hacer un estudio de a qué se debe esta situación?¿Por qué un nada desdeñable grupo de ciudadanos decide no acudir a votar?¿A nadie le preocupa esto?¿Los que no han votado son individuos a los que les da todo igual, todos?¿Los que no han votado son individuos que no se sienten representados por ningún partido, todos?¿Los que no han votado son personas que no tienen ninguna fe en el sistema, todos?¿Los que no han votado son ciudadanos apáticos, todos? Pero, ese grupo abstencionista, alcanza un porcentaje mayor que el que ha obtenido la mayoría de los partidos políticos que se ha presentado a los comicios. Sinceramente creo que el estudio de la abstención sería un estudio interesante, mucho más que el de los pactos o acuerdos de gobierno que se van a derivar ahora.

24 de marzo de 2015

@vichamsan

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El engaño del 3+2, una provocación

Me he encontrado, esta mañana, inmerso en un gran atasco. En un principio desconocía la causa. He pensado que podía tratarse de un grave accidente, ya que los vehículos permanecían detenidos, sin muestras de posibilidad de avanzar. La radio tampoco ayudaba a conocer las causas reales de tan brutal embotellamiento. Sólo a través de las redes sociales he podido comprender lo que estaba sucediendo. ¡Lástima que tengamos unos medios de comunicación tan serviles al poder económico que los sostiene! La prensa libre no existe. La manipulación es cada vez más ostensible y menos disimulada. El hecho es que los estudiantes habían cortado la calzada, como protesta por la nueva reforma educativa que pretende sustituir los cuatro años del grado por tres años, más dos ”masters”, opcionales, claro, según el propio ministro. Pero, ¿qué significa opcionales? ¿No significa que aquel cuyo currículo no vaya acompañado de los mencionados “masters” tendrá menos valor, menos oportunidades en el futuro?¿No significa que algunos se enriquecerán a costa de la impartición de dichos “masters”?¿No significará que aquellos que tengan mayores posibilidades económicas podrán permitirse cursar dichos estudios suplementarios, mientras los demás, o tendrán que prescindir de ellos,  o tendrán que acudir a préstamos bancarios, beneficiando, como venimos viendo últimamente a las entidades financieras?

Ya se redujeron los estudios universitarios de cinco a cuatro años con el denominado “plan Bolonia”. Ya, el profesorado, puso el grito en el cielo, argumentando que en cuatro años era imposible impartir todo el conocimiento que se estaba impartiendo en cinco. Ya se tuvieron que llevar a cabo recortes en los planes de estudios de las asignaturas para poder ajustar los temarios a los cuatro años. Si la enseñanza universitaria se reduce a tres, ¿qué van a aprender los alumnos?¿Cómo pueden pretender convencernos de que con tres años se está igualmente preparado que cuando se estudiaban cinco? No es posible, por ello es necesario cursar estudios adicionales, los “masters”, a precio de oro. Un negocio redondo, disfrazado de ventajas para los ciudadanos, porque, en el colmo de la desvergüenza, el señor Wert pretende vender la idea como un ahorro para los estudiantes – o las familias – que en lugar de tener que sufragar los costes de cuatro años, sólo tendrán que pagar tres.  En definitiva, se trata de regresar al modelo antiguo de licenciatura y diplomatura, donde la diplomatura baja en calidad y la licenciatura queda para las clases más favorecidas de la sociedad, garantizándose un mayor número de oportunidades. El ministro, el gobierno, su partido y sus adláteres, continúan en la obstinada creencia de que la ciudadanía es idiota. Todo cuanto acometen, lo hacen empecinados en esa idea. Sin embargo, estamos en el siglo XXI y, por fortuna, la mayor parte de la ciudadanía está lo suficientemente informada y formada para no permitir que le tomen más el pelo.

24 de marzo de 2015

@vichamsan

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