Opinión

Carta abierta a Gabriel Rufian

 

Gabriel:

Todavía resuenan en la cámara tus palabras en la sesión de investidura tras las elecciones del 28 de abril.

¿Cuántos años nos vamos a arrepentir?, preguntabas a los representantes del PSOE y de UP, en relación a no llegar a un pacto de la izquierda.

También recordabas la generosidad del grupo al que representas, otorgando la abstención necesaria para la formación de una mayoría que permitiese un gobierno de las fuerzas de izquierda, que empezase a derribar esta sociedad injusta en todos los sentidos: en lo social, en lo económico, en la justicia y en la regeneración de las instituciones democráticas.

Decías que os querían meter en el saco de la intransigencia, y te sentás profundamente dolido de ver como la izquierda siempre perdía ante la derecha: “llevo en el ADN la derrota”, esas fueron tus palabras, ¿recuerdas?

Le afeabas a Pablo Iglesias no aceptar la oferta del PSOE para llegar a un acuerdo de gobierno. ¿Qué ha… para continuar leyendo la carta pinchar aquí

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La ambición de Íñigo

 

Muy sibilino ha sido Errejón a lo largo de su corta carrera política. Comenzó introduciéndose en el núcleo del recién formado partido, cuando Monedero era un peso pesado y Pablo Iglesias lideraba la formación. Entonces todo eran parabienes y abrazos, y nadie pudo ver la daga que guardaba en su fajín para asestar la puñalada.

Con Monedero se puede estar en mayor o menor acuerdo, o en mayor o menor desacuerdo, pero nadie puede discutir, o mejor, nadie puede poner en tela de juicio, a no ser que esté infectado de estulticia, que Monedero se retiró con honradez del partido, dejando el camino expedito para todos aquellos comprometidos con el proyecto y sin… para leer el artículo completo pinchar aquí

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Y una carta más, Pedro

Hola, Pedro.

Ya lo has visto, ¿no? Has vuelto a cagarla. Convocaste elecciones pensando que ibas a triunfar, que el discurso de que Podemos era el culpable de todos los males de este país, incluyendo la situación de Cataluña, te iba a reportar una mayoría suficiente, esa frase que tú utilizas tanto, Pedro. Pues la gente parece que está harta de tus cuentos, de ese humo que vendes, y has perdido apoyos. Muchos se han quedado en casa, Pedro, porque están hartos de escuchar de tus labios promesas que no se cumplen, de ver como te arrastras ante la derecha, pordioseando una abstención para mantenerte en La Moncloa. Eres patético Sánchez, todo por no querer formar un gobierno sólido de izquierdas, con los únicos que pueden apoyarte y sostenerte.

Si continúas así, terminaras por cargarte tu propio partido. Saliste al escenario ese que habíais montado pensando que ibais a obtener esos 150 diputados que os concedían las encuestas de Tezanos, y te encontraste con un puñado de militantes a los que tuviste el mal gusto de mandarlos callar, porque te coreaban una frase “con Iglesias, sí”, y luego otra “con Casado, no”. Te lo dicen por algo, Pedro. No debes mandar callar a los que te han otorgado su confianza y además se han molestado en acudir a la sede de tu partido, seguramente también el suyo, aunque de otra manera, ya me entiendes, a apoyarte en una noche aciaga, por mucho que lo vendas como que habéis ganado las elecciones.

Ante esas consignas, te quedaste impasible y dijiste que había que hablar con todos excepto con uno. ¿Es eso una respuesta al deseo de tus votantes? Cada vez te pareces más a lo que supuestamente combates. Por eso la militancia y los simpatizantes te van dando la espalda.

Por supuesto, no vas a leer ni siquiera esta misiva, ¿quién es este autor desconocido que tiene la osadía de escribirle al presidente, en funciones, pero presidente, de la nación? Pero si fueses capaz de reflexionar es posible que comprendieses que estamos muy hastiados de esa postura arrogante del “yo he ganado las elecciones” del “debe gobernar el partido más votado” y de menospreciar todo lo que te ofrecen los partidos que se encuentran más a la izquierda.

No habéis ganado nada, Pedro habéis perdido el órdago, habéis facilitado el ascenso de la derecha y os estáis desgastando paulatinamente.

No tenéis otra alternativa que definiros de una vez, y revelarle al pueblo con quién queréis gobernar. La gente necesita saber en qué lado del espectro político os encontráis, ya no valen las medias tintas.

Necesitáis el valor necesario y suficiente para ser izquierda y dejar de jugar a querer ser ese centro irreal que queréis ocupar. De otro modo estáis perdidos vosotros y una mayoría de españoles.

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Crónica de un debate

No hay crónica. Porque no hubo debate. Fue un monólogo de cada uno, en el que cada cual soltó su rollo particular: el que todo el mundo conoce. Para este viaje no se necesitan alforjas.

Quedaron claras, o al menos precisadas, algunas cosas: que Pedro Sánchez no quiere saber nada de Podemos y que no tiene intención de llegar a pactos con la izquierda, que Vox es la derecha recalcitrante, católica, xenófobas, homófoba, centralista, autoritaria, intransigente y totalitarista que se suponía y que los otros dos son, uno lo que fue siempre, la derecha que quiere acercarse al centro sin conseguirlo, porque no lo es, el PP, y el otro un palmero que no sabe qué hacer ni que decir para hacerse un hueco en la politica, salvo sacar cartulinas de colores que iluminen su absoluta incompetencia.

No deja de ser chusco que Casado cuando se habla de la corrupción de su partido, se de mus, desmarcándose del asunto “porque el no estaba en la dirección” en ese pasado, pero cuando se trata de querer apuntarse tantos sí reconozca ese pasado. El señor Casado todavía no se ha enterado de que cuando se asume la dirección de un partido se asume con todas las consecuencias, y una de esas consecuencias es su pasado.

Así estamos. Ante semejante panorama el único que puede salvarse a juicio del que escribe es el representante de Podemos, que lejos de dedicarse a formular promesas, lanzó los retos a los que hay que enfrentarse para que este país cambie de aires y pueda caminar por una senda distinta a la que viene trayendo. La necesidad de abordar la economía de un modo distinto, en especial, ante la amenaza que se nos viene encima de una nueva crisis.

 Los españoles de a pie hemos pagado duramente no sólo la dura crisis anterior, sino todas las que han acontecido anteriormente, la de los 70 (llamada del petróleo), la d elos 80, la de los 90 y la de los 2000. Es hora ya de que los costes económicos no recaigan siempre sobre los mismos, Si en las épocas de bonanza las clases privilegiadas son las que más beneficios obtienen, en épocas de crisis deben ser los que más contribuyan al sostenimiento de la sociedad, y no al contrario.

No puede ser que la mayoría se sacrifique para mantener los privilegios de unos pocos.

No se trata de izquierda o derecha. No se trata de poner etiquetas que a nada conducen. Se trata de defenfer un estado social que beneficie a todos. Mantener una Sanidad Pública de calidad, una Educación Pública con garantías, un régimen democrático que permita el desarrollo de las libertades y salvaguarde los recursos públicos de los mangantes, que impida la manipulación y garantice que La Justicia se comporta fiel a sus principios de igualdad.

Eso, ayer se vio, sólo tiene interés de llavarlo a cabo Podemos. Los demás se perdieron en verborrea barata, en el conflicto de Cataluña y en promesas de bajadas de impuestos, sin explicar cómo se puede mantener un Estado con una disminución en sus ingresos cuando planea sobre nuestra cabeza el presagio de una crisis. Un esperpento de cuatro derechas.

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¿Quiénes son los indecisos?

 

A estas alturas de la situación política, los debates electorales no van a aportar demasiada información. Las posturas están claras después de este agotador maratón de citas electorales. Y dudo que los indecisos vayan a decantarse por una u otra formación política en función de los debates.

El personal esta cansado de tanta convocatoria y,los votantes de izquierda decepcionados tras las fallidas negociaciones entre el PSOE de Pedro Sánchez y la UP de Pablo Iglesias.

La derecha, como es habitual, se entiende, incluso tácitamente. En mítines y debates se observa que no se lanzan piedras entre ellos. Los tres partidos de la derecha se han trazado un objetivo común: el PSOE de Sánchez.

Y el PSOE se ha trazado una directriz clara: culpabilizar a Podemos de todos los males y vocear que ellos son el antídoto de la derecha y el manido discurso del voto útil. El cansino disco rallado de siempre, que otrora les diera buenos frutos, pero que hoy dificilmente va a reportarles los beneficios esperados.

Es posible que en estas nuevas elecciones al electorado de la derecha se le presente un pequeño dilema: a cuál de las tres derechas van a votar. Pero, en ningún caso van a dejar de depositar una papeleta en una urna.

A los votantes de la izquierda se le presenta el dilema de siempre: votar o no votar.

El electorado de izquierda es mucho más crítico y ahora se encuentra en una situación límite decepcionado, confundido y cabreado. Eso puede únicamente significar una cosa: que la izquierda se abstenga, como tantas y tantas veces ha sucedido. Y si eso sucede las encuestas que tan generosamente le otorgan ventaja al PSOE, lo mismo fallan – nada sorprendente, por otra parte – y el 11-N (fecha menmorable, por cierto, por cataclísmica) nos podemos encontrar con una situaciónm muy pareja a la que dejamos antes del verano.

La pregunta sería esa: ¿qué va a pasar tras el 10N? ¿Va a estar dispuesto Sánchez a negociar con las fuerzas de izquierda o se va a arrastrar rogándole la abstención a la derecha?

Sólo existe un modo de que la izquierda real, la que está dispuesta a un cambio, no a un lavado y abrillantado, pueda ejercer la fuerza necesaria. La única forma de hacer eso posible es que ese electorado se movilice: que los que no estén de acuerdo con la postura del PSOE le den una oportunidad a UP, en lugar de quedarse en casa, castigándo, no a su partido, sino a ellos mismos.

 

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Una pequeña victoria para “los vencidos”

Lo manifestaba en mi post “¿lo innecesario?”. Muchos creen o consideran una estupidez la retirada del dictador del Valle de los Caídos, ese mausoleo que se levantó con el esfuerzo, con el sudor y con la sangre de los vencidos. Siempre se argumenta con la consabida letanía de que existen cosas más importantes. Probablemente sea cierto que existan cosas más importantes. Pero sucede que, bajo ese prisma, siempre van a aparecer cosas más importantes.

Lo de las cosas más importantes no deja de ser un mero espejismo. Nada hay más importante para una democracia que la retirada de los símbolos y los actores de los que la tuvieron secuestrada durante décadas. La momia de Franco no era sino uno de esos símbolos, y el tan renombrado valle, otro.

Por otra parte, las cosas que no son importantes, y que dejan de hacerse precisamente por asignárseles ese carácter de ausencia de importancia, terminan por convertirse en importantes, esencialmente cuando un sector de población cada vez más mayoritario se ha hastiado de que vayan relegando su demanda, día a día, mes a mes, año a año, lustro a lustro.

La retirada de la osamenta del tirano de su lugar de prestigio, de su faraónica pirámide, debería ser el comienzo de una verdadera transición hacia la democracia, y debería continuarse con la exhumación e identificación de todos los represaliados del franquismo, que yacen desperdigados por las cunetas de todo nuestro país y, por supuesto, por juzgar a todos los que perpetraron aquella barbarie, estén vivos o muertos.

Y para concluir, un país demócrata y serio que se precie, debería establecer duras medidas en el código penal para aquellos que hagan gala de símbolos del régimen franquista, como sucede en países como Alemania respecto del nazismo. Fuertes multas y duras condenas.

Pero me temo que todo se circunscribirá al traslado de la momia, y punto. Es como si se tratase de un punto y final, cuando debería tratarse de un punto de partida.

Por ello, la lucha continúa. La dignidad es nuestra, la libertad, la reparación y la justicia hay que pelearla todos los días.

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Estupideces las justas

Hacía tiempo que no volvía a tomar la pluma. No sólo el período estival y algunos asuntos personales que han acaparado mi atención últimamente han sido los culpables. También el desencanto.

El desencanto de ser testigo de cómo el PSOE hacía todo tipo de malabarismos, con la única intención de tener un argumento para afirmar que resultaba imposible gobernar con Unidas Podemos.

Defraudado por la falta de habilidad del grupo negociador de la formación morada para haber aceptado la propuesta del PSOE, que se vio inesperadamente descolocado cuando Iglesias se echó a un lado en el momento en que le vetaron.

Sobradamente conocía el PSOE que su (para leer el artículo completo, pinchar aquí)

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