Opinión, politica

El voto del miedo

En las pasadas elecciones del 28 de abril, se ha hablado larga y tendidamente sobre el voto del miedo. Y se ha afirmado con rotundidad que ese miedo a la extrema derecha, sustentada en Vox como su representante más genuino y más sustentador del fascismo, del odio y de la segregación de todo tipo, es el que ha impulsado al PSOE ha alcanzar el triunfo, con votos prestados de otras formaciones políticas, más a su izquierda, únicamente por el temor a la idea de un monstruo de tres cabezas gobernando la nación – como ha sucedido en Andalucía.

A mi lo del voto del miedo es un término que me resulta chocante, incluso hilarante. Si existe alguien que ejerza el voto del miedo, no es otro colectivo que el electorado de la derecha. La derecha siempre vota porque le tiene pánico a la izquierda. La derecha en raros casos vota por cuestiones ideológicas, casi siempre los hace de un modo visceral e ignorante, por una cultura transmitida, por el arraigamiento de lo tradicional, de que las cosas están bien si se hacen como “se han hecho toda la vida”, ¿les suena esa frase? Nunca la derecha estará abierta a los cambios. Los asume cuando no tiene otro remedio, y termina defendiéndolos como suyos al cabo de mucho tiempo.

Yo, a lo que se ha llamado el voto del miedo de la izquierda, lo llamaría el voto responsable. Movilizarse es responsable. Pero la movilización no debe ser tan solo para detener a una derecha resurgida de sus cenizas; a una derecha que quiere regresar a la inquisición, a la censura, al ordeno y mando, la movilización debería ser para que se produzca un cambio real en nuestra sociedad, en todos y cada uno de los ámbitos: social, económico, cultural, industrial…

El 26 de mayo tenemos un reto, el reto de no bajar los brazos, de no salir a parar a la derecha, sino de impulsar a la izquierda, y para ello hay que depositar el voto en las verdaderas fuerzas de izquierda, en aquellas que van a forzar a la izquierda moderada y complaciente a salir de su zona de confort y propiciar políticas sociales, igualitarias, y de mayor reparto de la riqueza, detrayendo privilegios, porque cuando tú tienes derecho a algo y yo no lo tengo, lo tuyo no es un derecho, es un privilegio. Derecho es algo de lo que podemos disfrutar todos, privilegio es algo de lo que sólo pueden disfrutar unos pocos.

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