Señora Carmena:

Resulta intolerable su actitud de entregar su acta de concejal. Resulta intolerable que, después de que se sirvió del apoyo de Podemos para ganar la alcaldía de Madrid, hace ahora cuatro años, en el momento en que no puede seguir en el cargo, diga que renuncia. Es un acto de cobardía. Del mismo modo que fue una traición a la formación que otrora confió en usted, el que prescindiera de ella con desdén, como diciendo… (para continuar leyendo pinchar aquí)

 

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Carta abierta a Carmena

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Carta abierta a Rivera

Otra vez, señor Rivera. Una vez más se dedica usted a ese juego de trileros que tan buenos resultados le ha proporcionado. Quiere usted ocupar el centro político – es más, casi lo exige – hasta tal punto que lucha a brazo partido para que le asignen los escaños centrales de la Cámara de Diputados.

Pero, señor Rivera, después de todas esas alharacas, detrás de esas arengas, más allá de sus discursos constitucionalistas y demócratas, se encuentra su verdadera identidad, la del Rivera de la plaza de Colón, la del Rivera pactando con la extrema derecha, la del Rivera apoyándose en la ideología ultra para conseguir sus fines. Su lema obedece a “el fin justifica los medios”; lo que dicho de otro modo no quiere decir sino el poder a costa de lo que sea. Y eso, señor Rivera, es también sinónimo de no tener principios, o de parafrasear a Groucho Marx: “Yo tengo mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.

Claro que la culpa no es del todo suya, usted es como es: un hipócrita de toda la vida. La culpa es de todos los que le apoyan con su voto, de los que le aúpan a esa posición en la que usted se sitúa, en ese estado de arrogancia en el que se considera el artífice de la catarsis de este país: esa catarsis que consiste en trasladar a España a los años 70, más o menos.

La derecha europea está escandalizada con sus malabarismos políticos, señor Rivera. Porque la derecha europea, neoliberal, conservadora, tradicionalista, elitista y clasista, no es capaz de bajar a los niveles a los que usted ha descendido. La derecha europea, moderada, no acepta, bajo ningún concepto el extremismo como apoyo para alcanzar cualquier acuerdo de gobierno.  La derecha europea sí tiene unas líneas rojas que, hasta la fecha, jamás ha tenido la más mínima intención de cruzar. Usted, señor Rivera, ha traspasado todas las líneas rojas. ¿No será que para usted esas líneas rojas no eran más que un mero artificio, una máscara, tras la que ocultar su verdadera ideología política? ¿Será eso?

Parece, señor Rivera, que a usted se le cae la careta a pedazos, lo que no es tan evidente es que la población que le sustenta sea capaz de darse cuenta.

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Carta abierta a Sánchez

Señor Sánchez:

No sé si su amenaza de volver a celebrar elecciones se trata de una brabucanada, de un órdago, o realmente es una opción meditada y sopesada.

Si se trata de lo primero, es una estrategia estéril, absolutamente descabellada y que no va a provocar el más mínimo efecto. Si se trata de lo segundo, me conduce a pensar que de todo el tiempo que lleva usted en la política no ha aprendido nada.

Se lo voy a decir de otro modo: la participación del pasado 28 de abril es histórica y, muy posiblemente, un techo, en esta democracia nuestra tan suigéneris, el electorado se moviliza poco, y si lo hizo del modo que lo hizo, fue por el temor a que irrumpiese la derecha e hiciese posible un gobierno de esas turbias ideas fascistoides que los vientos de Vox arrastran consigo.

Los militantes que en Ferraz le decían “con Rivera, no” y “Si se puede”, son los que le apoyaron a usted y los que han continuado creyendo en el PSOE, probablemente porque a usted quisieron barrerlo de la cúpula de su partido y ellos no lo consintieron. ¿Cree usted que se sentirían reconfortados, si se lanza a ese vacío tan escalofriante de volver a celebrar elecciones, por no pactar con el único socio que les puede apoyar a lo largo de esta, presumiblemente, bronca legislatura?

El miedo del que hablaba, dúdelo si quiere, señor Sánchez, modificó el voto de mucha de la izquierda que hubiese votado otras siglas, porque usted representaba la esperanza de un nuevo PSOE, el que fue aupado al gobierno gracias al apoyo de Podemos y otras fuerzas en la moción de censura.

Pero parece que su ego, o que el traje de presidente, le ha impregnado de una cierta aureola de grandiosidad, de arrogancia y de soberbia, pero luego a quien se le adjudican esos adjetivos es a Pablo Iglesias.

Señor Sánchez, si se decide por el suicidio de unas nuevas elecciones, debería saber que los saltos mortales conllevan el riesgo de salir mal, y eso podría hacerle romperse la crisma y, lo que es peor, que nos la rompan a todos los que apostamos por un cambio en las políticas sociales y económicas. La única formación que puede apoyarle en ese viaje, señor Sánchez es Podemos, y usted, como siempre, se dedica a ignorarlo.

No diga luego que no está avisado, diría que hasta por los suyos.

Por cierto, al hilo de la frase anterior, ¿por qué no hace el ejercicio de consultar a su militancia?

 

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Los palos siempre son para los de siempre

Resulta curioso lo que sucede en este país nuestro. Desde las pasadas elecciones generales, y más enconadamente desde las autonómicas, municipales y europeas, vienen anunciando con cuernos y trompetas el hundimiento de Podemos y, ¡cómo no! Arremetiendo contra su cabeza visible, Pablo Iglesias, culpándolo de los malos resultados obtenidos y sugiriéndole que dimita.

No se observa, sin embargo, ninguna opinión crítica frente al resto de partidos políticos, cuyos resultados han sido aún más catastróficos, como el Partido Popular o, incluso Ciudadanos. Y en menor medida se aconseja la dimisión de sus líderes.

Si Podemos, a juicio de todas estas pitonisas, se encuentra en un estado tan precario y de descomposición como afirman – aunque, a juicio del que esto escribe,  más se trata de deseo que de realidad – ¿a qué viene tanta preocupación, tanta información en los medios, tanta bilis esparcida por tertulianos, columnistas y demás? ¿Si Podemos es ya una fuerza política tan en declive, por qué es necesaria tanta artillería pesada contra el partido? ¿No será que el miedo no se ha extinguido, ni siquiera con el descenso obtenido tras los comicios? ¿No será que muchos son conscientes de que el resurgir del PSOE ha sido consecuencia de un préstamo de votos, ante una campaña feroz de invocación al miedo de que irrumpiera con fuerza la extrema derecha?

Le pese a quien le pese, y no le guste a quien no le guste, Pablo Iglesias salió elegido en un congreso con un apoyo más que mayoritario. Le pese a quien le pese, Pablo Iglesias fue elegido para dirigir Podemos y mientras no se planteen otras primarias y los inscritos se decidan por otra opción, o él mismo decida dejar el cargo, es Pablo Iglesias y no otro quien debe estar al timón.

Y no hay más polémica que valga.

El PSOE necesita a Podemos, porque pactar con Ciudadanos puede suponer cavarse su propia fosa: no se puede tentar a la suerte continuadamente. Ya han estado en el alambre.

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¡Basta ya de parásitos!

La monarquía ya es una vergüenza en sí misma. Que alguien por el simple hecho de nacer en una familia, en un lugar determinado, se le otorgue el privilegio de convertirse en la cabeza visible de un país, en su Jefe de Estado, sin que nadie haya validado sus capacidades o, sencillamente, sin que haya sido elegido mayoritariamente, es algo que dista mucho de lo que entraña el significado de la palabra “Democracia” (del griego démos, pueblo y krátos, gobierno), es decir, gobierno del pueblo.

Cuando el artículo 1 de la Constitución de nuestro país dice en su apartado 3 que la forma política del estado español es la Monarquía parlamentaria, está negando intrínseca e implícitamente la forma política de democracia.

En España es, aún, más sonrojante. Y este territorio que habitamos, tan envuelto a lo largo de la historia en conflictos de reyes, emires, califas y demás formas tiránicas de someter a la población, continúa anclado en ese pasado de coronas luciendo sobre las cabezas de algunos y de la incompetencia soberana que los define.

Aquel al que han dado en denominar como rey emérito – sin que sepamos dónde radican esos méritos, cuando ha estado en la diana de la actualidad política por sus, digamos presuntos, enriquecimientos ilícitos – dice que se retira de la vida pública. Lo que significa, en castellano viejo, que va a recibir del Estado Español, que es sufragado por el grueso de la ciudadanía, la cantidad de cerca de 200.000 euros anuales, por hacer menos de lo que ya estaba haciendo, o sea, menos de nada. Dicho de otro modo: esto demuestra esa igualdad de los españoles que tanto cacarean algunos que defienden la Constitución, especialmente los miembros de la Casa Real, el susodicho emérito y su hijo, cada vez que se les presenta la oportunidad de asomarse a las pantallas de la televisión o se ven obligados a soltar uno de sus grandilocuentes discursos. La parte ancha del embudo para ellos, la estrecha para ese pueblo al que tanto quieren, al que tanto se deben y al que afirman que representan.

Es preciso que la ciudadanía despierte y comience a reclamar un cambio en la forma de nuestro estado, que sea el pueblo quien elija quién quiere que lo represente internacionalmente. Que sean los ciudadanos los que valoren los méritos de aquél o aquélla que vaya a ser su embajador ante el mundo. Y que si no cumple con sus funciones, o aprovecha el cargo para enriquecerse, pueda ser removido de su cargo por los propios ciudadanos.

¡Basta ya de parásitos!

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Ni culpas, ni culpables

El objetivo de destruir a Podemos se está cumpliendo. Los medios de comunicación masiva, la estructuración de la formación en una forma rígida de contemplar la política, asemejándose cada vez más a los partidos tradicionales, la inconsciencia de las fuerzas de izquierda de hacer cada uno la guerra por su cuenta, los egos y las desaveniencias personales entre los dirigentes del partido, están logrando lo que la élite más deseaba: la destrucción del único partido que podía poner en jaque su hegemonía, que podía unir a la ciudadanía en su contra, que podía hacer tambalearse a un sistema corrompido y corrupto establecido desde tiempos históricos, aprovechándose de la ignorancia y de los medios de propaganda.

La idea de formar parte de un gobierno de coalición por parte de Podemos, aunque se entienda en su concepción teórica y estratégica, no deja de ser absurda, después de los resultados obtenidos en las dos últimas citas electorales. La debilidad es palpable. La fuerza está en la posibilidad de ser decisivos en el Parlamento junto con otros grupos políticos, para tratar de evitar deslizamientos del PSOE hacia la derecha, o, cuando menos, para denunciarlos ante los ciudadanos, si se producen.

Mantener uno o dos ministerios, probablemente poco significativos, ¿de qué serviría? ¿No se pasaría de ser una fuerza vigilante y contrapuesta a las políticas conservadoras, a ser cómplice de ellas?

A juicio del que esto escribe, se hace necesario ejercer una oposición dura, tratando de conducir esa tendencia del PSOE hacia políticas neoliberales, cuando ocupa el poder, y tratar de abrirles los ojos a todos los que en Ferraz gritaban, grito en cuello “con Rivera, no” y “Si se puede”. A todos aquellos que se dejan engañar por estos socialistas de papel y cartón piedra.

La izquierda debe dejar atrás los resentimientos y los puritanismos y formar de una vez por todas un bloque que contrarreste a la derecha. Hay que dejar a un lado culpas y culpables, sólo se necesitan dos cosas para conseguirlo: voluntad y humildad.

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Reflexiones tras el 26M

Resulta difícil escribir, después de los decepcionantes resultados del pasado 26M. Y no es menos difícil encontrar explicaciones que puedan aclarar el desastre, cuando tan sólo un mes antes, en las elecciones generales, la sangría no había sido de tanto calado.

Cargar las tintas contra Errejón, por su portazo a Podemos y su abandono hacia formaciones más tibias, no puede explicar… (para leer artículo completo pinchar aquí)

 

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